jueves, 17 de febrero de 2011

El rostro de la luna

Érase una vez, un viejito que iba camindo por un camino de noche,
en su espalda cargaba con muchos troncos de madera, los había
recogido para dormir calentito en su pequeña cama.

El viejito cansado por el peso de los troncos y por su edad paró
en el camino agotado.

-Soy demasiado viejo, mis huesos ya no pueden con el peso de la vida,
estoy cansado, muy cansado...

En ese momento apareció una luna llena de detrás de una montaña,
al oír las palabras de tristeza del viejito la luna le dijo:

-Abuelo, ¿porqué me llegan esas palabras tan tristes desde ahí abajo?

El viejito le contestó:

-Luna, estoy cansado de la vida, desearía sentarme para siempre, descansar y
soñar.

Desde la luna se vieron bajar unas escaleras de madera, tan largas que llegaron
a los pies del viejito.

-Suba abuelo, siéntese aquí conmigo, usted descansará y yo tendré compañía.

El viejito soltó los troncos de madera de su espalda y agarró la escalera, poco a poco fue subiendo, desapareciendo a la vista desde el suelo.


Mi abuela me contó esta historia cuando yo era pequeña, me la contó para explicarme porqué la luna tiene rostro. Y es que si te fijas, se puede ver la cara del viejito que está en la luna descansado para siempre.

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