sábado, 28 de agosto de 2010

Un euro con veinte, la tapa de caracoles

Intentaba limpiarse con una de esas servilletas de los bares,
pero le estaba siendo imposible.
El caldito de los caracoles se le seguía cayendo barbilla abajo.

Mario, que la observaba con ternura, recordó el día en que la conoció.

-¿Recuerdas? Creo fue en Noviembre del 1982, cuando aún trabajaba para Miguel,
pobre hombre, ¿quién iba a imaginar lo que le sucedió meses después?.

-¿De que hablas?, preguntó con la barbilla brillante.

- Del día que la conocí,¡joder que frío hacía!. Pero apenas lo sentí el rato que estuve con ella en la puerta de los juzgados. Te pareces tanto a ella...

-Si, lo sé.

Se miraron con ternura, y ella dio el último sorbo a su vaso. Le agarró la mano y la besó.

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